Huyendo del pueblo donde nací y crecí, salí de casa con rumbo a la vieja Estación. Allí tomaré el tren que me dejará en la gran ciudad.
Me despedí de los viejos y mis hermanos en casa, no quise
que me acompañaran.
Eran pocas cuadras, las hice caminando, con la alegría que
me producía saber que, al día siguiente, ocuparía un puesto en la redacción del diario más
leído del país.
Elegí viajar de noche para dormir durante el largo viaje.
¡Al fin estaba en el andén!, pero tengo 40 minutos de espera.
Muy ansioso me senté en el viejo y gastado banco de madera, observando a mi alrededor, no sabía cuando volvería a ver todo aquello, tomé una respiración muy profunda, soltando luego un largo suspiro que era como el adiós a aquél lugar.
No me gusta nada el hombre de traje gris que me mira desde
el puesto de revistas y ahora se me acerca. Se sienta a mi lado y me saluda.
- - Buenas noches.
- - Buenas noches, le contesto.
El hombre sonríe y continúa diciendo:
- - ¡Usted puede verme, qué bien!
Sorprendido por el comentario, decidí no contestarle, me
corrí un poco y miré para otro lado.
- - No se haga el distraído, no tema, no estoy loco
– me dijo – Voy a contarle mi historia.
- - Que sea breve, por favor, debo tomar ese tren. - Le dije, fastidiado ante la confianza que se tomaba el desconocido -.
- - Tranquilo amigo, usted se irá como tiene planeado.- Desabrochando el saco, continuó hablando - Bien, hace veintidós años fui arrollado por un tren, acá mismo, estaba borracho, regresaba de mi despedida de soltero, caí a las vías y pasó lo que pasó. Mi cuerpo quedó destrozado, no pudieron reconocerme. Mi gente todavía me espera.
- - ¿Qué me está diciendo?, dije sorprendido.
- - Sí eso que usted está pensando, justamente: soy
un fantasma. Mire mi documento, ahí dice que debería tener 52 años, ¿parezco de
52?
Sin salir de mi sorpresa, respondo:
- - Parece mucho más joven. Debo reconocer que la historia es interesante,
si me permite, tomaré notas y si todo esto que me cuenta fuera verdad, lo
publico, con esa condición lo escucho.
- - Haga lo que quiera con la historia, pero antes
debe hacerme un favor, buscará a mi novia de entonces y le contará por qué
motivo no fui a la boda.
- - Bueno, deme los datos; la buscaré ni bien me instale en la ciudad. - Ante mis palabras el extraño cambió su expresión, era la imagen de la desesperación o el enojo, no estoy seguro. A lo cual respondió:
- - No amigo, la buscará ahora.
- Entonces el furioso era yo: - No puedo perder ese tren.
- Con voz algo más conciliadora, continuó hablando: - Ella vive en este pueblo, a pocas cuadras de acá y el tren saldrá cuando yo lo decida.
En ese momento, desde los altavoces, escuché el anuncio:
“Por problemas técnicos se demora la partida del tren con destino a Buenos
Aires. Los mantendremos informados. Disculpen las molestias.”
- - ¡Oh, no, lo que faltaba!, ahora no sale el
tren. - Debía llegar a horario a la ciudad, era imprescindible.-
- - Ya le dije amigo, el tren saldrá cuando yo
quiera, si de verdad desea viajar, deberá obedecerme.
Totalmente confundido, no sabía qué hacer, tenía dos opciones,
la primera y más lógica era ignorar al hombre de gris y seguir con mi vida como
lo tenía pensado, la segunda era dar rienda suelta a mi instinto de periodista
y buscar a esa mujer que él me indicaba, para escribir una buena nota.
- - Pedro, ése es el nombre que leí en su
documento, va a explicarme algunas cosas antes de que yo me decida a obedecer;
por ejemplo: Si usted lleva el DNI encima, ¿Cómo es que no lo identificaron?
- - Bien pensado amigo; a propósito ¿Cuál es su
nombre?
- - Miguel.
- - Un placer, Miguel. Vea, hay reglas que debo cumplir,
aunque no quiera, no tengo opciones; estoy obligado a hacer determinadas cosas:
vestir este traje gris (no es la ropa que estaba usando cuando me caí en las vías);
portar documento de identidad (que tampoco llevaba al morir) y mantenerme
dentro de los límites de esta estación, entre muchas otras que no voy a
contarle ahora porque usted debe viajar en ese tren, ¿verdad?
- - Sí, claro.- Hablaba inquieto, la situación me superaba -
- - Entonces abreviemos; mi novia es Alma Montes,
vive en la calle…
Incómodo, aunque interesado en el tema, lo interrumpo:
- - Sí sé donde vive Alma, fue mi maestra de cuarto
grado, la conozco bien.
- -- Pueblo chico, se conocen todos, cierto.
Entonces mejor, vaya a ver a Almita y cuéntele qué me pasó. En cuanto regrese
con la tarea cumplida, podrá viajar; es una promesa.
- - No estoy convencido, no puedo presentarme en la
casa de ella y decirle simplemente: “El fantasma de tu novio vive en la
Estación”, Alma va a pensar que enloquecí.
- - Dígale que el 5 de abril era nuestro día
especial, que “Persiana americana” era nuestra canción y que en su cumpleaños
le regalé una pulsera de oro con una mariposa esmaltada en azul; con esos datos
va a despertar toda la atención de mi novia.
- - ¿El tren no se irá sin mí?
- Miguel escuche los altoparlantes…
El sonido llegó a mí: - “El tren con destino a Buenos Aires continúa demorado”.
- - ¿Cómo sabía que mandarían ese aviso?- dije asustado, debo reconocerlo -
- - ¿Necesita más pruebas?
- - No, o tal vez sí, sigo confundido, pero voy a arriesgarme. ¡Detenga ese tren!
Capítulo II
Fui corriendo a la casa de Alma, la valija se había convertido
en una carga muy pesada. Una vez adentro, traté de no tener en cuenta la cara sorprendida
de la “Señorita Alma” y le conté toda la historia de una vez. Al terminar, temblando, tomé un sorbo del agua que ella me ofrece y, en silencio, la miro a los ojos,
ahora sí tratando de descubrir que estaba pensando ella.
- - Querido Miguel, es mi turno de hablar – dice
Alma- voy a contarte qué pasó en la noche previa a mi frustrada boda. Aquella
noche, como vos ya sabés, se hizo la despedida de soltero de Pedro. A las 2 de la mañana regresaron mis hermanos,
me pareció demasiado temprano y les pregunté si la despedida ya había terminado.
Ellos dijeron que sí. Entonces me alegré
de poder ir un ratito a ver a Pedro para “hacer nuestra despedida privada”,
dijo riendo y suspirando. Mis hermanos me pidieron que no fuera, que mi novio
estaba demasiado borracho, que lo dejara dormir. Pero no hice caso, muy
contenta me puse la campera y caminé hasta la casa de Pedro; unos metros antes
de llegar vi que dos personas tambaleantes salían de esa casa, un hombre y una
mujer. El hombre era mi novio y la mujer
era la chica por la que me dejó en 2001, durante dos meses. Elina, la rubia de
la otra cuadra.
Me escondí detrás de un árbol para que no
me vieran y, cuando se alejaron un poco, comencé a seguirlos para saber qué
hacían. Estaban terriblemente borrachos, se apoyaban uno en el otro. Iban
cantando a los gritos, los perros de la cuadra les ladraban, cada dos o tres
pasos se detenían a besarse y manosearse. No pude más y empecé a llorar. El día
antes de nuestra boda me estaba engañando. ¿Me dejaría otra vez por esa?
Llegaron a la casa de Elina, volvieron a besarse, ella intentó abrir, le costaba poner la llave en la cerradura, cuando por fin abrió, dijo: “Chau amor, llámame, te amo”; él, sosteniéndose de la reja, le contestó: “Yo también preciosa, yo también”.
No había llevado pañuelo, así que me
secaba las lágrimas como podía; intenté llamar a Pedro que ya estaba volviendo
a su casa, pero no: preferí seguirlo y hablar con él donde nadie nos oyera.
De pronto, Pedro cambió de rumbo, yo creo
que su estado de embriaguez lo confundió totalmente y no sabía ni por donde
iba, a los tumbos se dirigió a la Estación.
Me repetía: “la ama, va a llamarla mañana,
me va a dejar otra vez”. Así fue que llegamos al andén y ahí estábamos solos
los dos, escuchando el tren que llegaba: era el rápido, no se detendría en el
pueblo.
Pedro se acercó demasiado al borde del
andén, el tren estaba muy cerca, mi novio se balanceaba en un pie, yo solo tuve
que empujarlo un poco.
Hace una semana que duermo poco y mal, en esa especie de “duermevela” creo escuchar la voz de Pedro que me llama, por supuesto que no doy crédito a mis fantasías.
Ya pasaron dos años de aquel suceso extraño, estoy instalado en
Buenos Aires, trabajo mucho. Cada seis meses voy a mi pueblo a visitar a mi
familia; en ninguno de esos viajes he notado nada fuera de lo normal. En el
último viaje fui a visitar a Alma, la encontré muy tranquila en el jardín,
descansando después de una larga jornada de trabajo en el Colegio; su única
preocupación era una plaga que estaba atacando los rosales.
Me levanté más temprano que de costumbre, con un gran
cansancio, la ducha ayudó a despertarme, el llamado de Pedro seguía sonando en
mi cabeza. No pude concentrarme en el trabajo, me excusé pretextando un fuerte
dolor de cabeza y regresé a mi departamento.
- - Pedro, ¡Basta! Dejame tranquilo, ¿Qué Querés
ahora?
- - Que vengas, te espero y debe ser hoy.
- - ¿Toda la vida voy a tener que soportarte?, no
puedo más.
- - Miguel, si Querés que esto termine, vení hoy,
te espero, pero debés llegar hoy.
- - ¿Si voy, te callarás para siempre?
- - Sí, es una promesa.
- - Está bien, ya mismo salgo, todo sea por no
escucharte más.
Hoy, 5 de abril de 2023, regreso a mi pueblo convocado por un fantasma. El viaje es largo, escribiré la historia de Pedro y Alma mientras viajo, por ahora Pedro permanece callado, así que podré concentrarme en la escritura.
Debo haberme dormido a los pocos minutos de iniciado el viaje
pues solo escribí la fecha: 05/04/2023.
- Esa fecha me suena como importante, me digo, ¡pero claro!
el Es el día especial de Alma y Pedro. - Esto no es pura coincidencia, ¿no,
Pedro?
- - Las coincidencias no existen amigo.
Ya es noche cerrada, bajo del tren y me siento en el mismo
banco de madera de hace dos años.
- - Ya estoy acá, ¿qué más querés?
- - Andá a buscar a Alma, tráela, decile que tengo
que hablarle.
- - No va a querer venir, yo nunca te conté la
conversación que tuve con ella, aquella noche…
- - Yo sé más de lo que te imaginás.
- - ¿Vos sabés todo?
- - A medida que pasan los años, voy adquiriendo
nuevas habilidades. Ahora ya sé que Alma me vio besando a Elina y lo que sucedió luego, es mi culpa todo lo que pasó. No pierdas tiempo, Miguel, andá a buscarla. Entiendo todo, la amo. - Pedro baja la mirada, se lo ve cansado y triste, pero decidido -
- - Mirá Pedro, hagamos así, vos me decís a mi lo
que quieras para Alma, yo se lo cuento y asunto terminado. No la hagas venir,
no es bueno para ella.
- - Es que no voy a decirle nada, tengo que darle
algo.
- - ¡No puede verte! ¿Cómo vas a hacer para “darle
algo” ?, esperá... ¿Qué le vas a dar?
- - Miguel calmate y andá, Falta poco para la
medianoche y es importante que la entrega se haga antes de esa hora.
Capitulo IV
Convencer a Alma para ir a la Estación, por pedido de Pedro, fue más fácil de lo que yo creía. El otoño va trayendo noches frescas, una brisa nos acompaña, casi como una amiga más. El cielo despejado de un azul intenso, ¡con tantas estrellas!, eso es lo que extraño desde que vivo en la gran ciudad: estirar mi mano y casi tocarlas.
Le ofrezco mi brazo a la Señorita Alma, ella lo toma sonriendo, pero sus ojos no reflejan ese sonreír, son ojos de miedo tal vez, tratando de calmarla, le hablo de la bella noche, no me contesta, está concentrada en sus pensamientos...
Ya casi llegamos, se escucha música, a medida
que nos acercamos se oye más fuerte, puedo reconocer la canción es “Persiana
americana”. Llegamos al andén y nos damos cuenta de que la música se transmite
por los parlantes que allí están. Sólo estamos nosotros tres y dos perros que tratan de dormir refugiados bajo el techo de tejas. Veo a Pedro parado frente a nosotros, con esa
expresión que tienen los enamorados frente a la persona amada.
Alma siente el frío en el aire; entonces sobre su camisa blanca, se envuelve con un chal tan azul como el cielo nocturno, empieza a hablar:
- - ¿Está Pedro acá?
- - Si, frente a nosotros.
ElElla retira el flequillo que ya cae sobre sus ojos y lo acomoda hacia un lado, pestañea mientras dice:
-E - Preguntale si él eligió la música.
- - El te oye, preguntale vos.
- --Decile que sí, que yo elegí la música, dijo
Pedro, elegí esa porque es la nuestra.
- - Estoy muy nerviosa, me da miedo esto, quiero
volver a casa, por favor.
Pedro empieza a cantar fragmentos de la canción y,
sorprendentemente, su voz se oye desde los altoparlantes:
- “Yo te prefiero, fuera de foco, inalcanzable, yo te prefiero irreversible, casi intocable… Es difícil de creer, creo que nunca lo podré saber, solo así yo te veré. Estamos al borde de la cornisa, casi a punto de caer. Lo que pueda suceder, no gastes fuerzas para comprender, sólo así yo te veré”
Al Alma se toma de mi brazo, se sienta en el banco, pálida.
- Escuchar tu voz, me provoca sensaciones encontradas, -dice ella,- recuerdos de los buenos tiempos, y miedo, un miedo enorme, que sea rápido lo que quieras hacer y dejame regresar a casa.
- - Miguel, dijo Pedro, decile que no tema, no
cantaré más, ya no me oirá, la amo, yo solo quise verla antes de irme para
siempre y darle algo.
Mientras él habla, descubro que el amor del que habla Pedro es sincero, puro, se siente como real, a pesar de que es un fantasma, emocionado, repito para que Alma escuche y digo,
sorprendido:
- - Te irás amigo, ¡al fin podrás descansar!
- - Si logro hacer lo que hoy me propuse, sí me iré.
- Le cuento a Almita:
-- - Almita. Pedro está poniendo su mano en el bolsillo y saca algo, es una pulserita de oro, con una mariposa… -y dirigiéndome a Pedro - Decime, ¿esa es la pulsera que me contaste hace dos años?
AlAlma aprieta fuerte mi brazo, la siento temblar.
- - Miguel decile a Alma que extienda su mano.
- - Alma, dame tu mano, así, con la palma hacia
arriba, dejala ahí, espera, él va a darte algo, no temas, no te hará daño.
Las siguientes palabras, que yo repito como antes, para
Alma, son las ultimas que dijo:
- “Antes de irme, amor mío, quise devolverte esta pulserita
que ha quedado enganchada en mi ropa, en el momento que me empujaste a las
vías y que sepas que entendí por qué lo hiciste."
Después de decirlas, Pedro sonríe, dice un "Te amo, siempre".
Intenta acariciar a la
mujer, pero no lo logra, se desvanece lentamente, así como la música se diluye entre los sonidos nocturnos…
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