Afuera hace mucho frío, papá cerró todas las puertas y ventanas para que no se vaya el calor que genera la estufa.
Mamá cocina, falta poco para que vayamos a cenar; mientras esperamos que la comida esté lista, papi y yo miramos las noticias en la tele.
Es una noche como cualquier otra, el barrio está tranquilo y, sorprendentemente, el informativo no ha dado ninguna novedad alarmante, se respira paz.
Mamá canturrea una canción nueva y ralla queso, ahora me llama:
- Mafalda, hijita, por favor, andá a mi cuarto y traéme un pañuelo de mi mesa de luz.
- ¡Sí, mami! Se me pega la canción que canta mamá, subo la escalera que lleva a los cuartos, cantándola.
Estoy contenta, hoy me fue bien en la escuela y jugué un rato largo con Felipe y Susanita. Encuentro el pañuelo, ¡qué rico perfume tiene! Bajo para dárselo a mami y, ya en la mitad de la escalera, siento el aroma que llega desde la cocina: "¡Oh, no, sopa!", pienso.
Vuelvo a subir y me refugio en mi cuarto.
Sobre mi mesita de luz está la historieta "El Eternauta" que tanto miedo me dio anoche, cuando la estaba leyendo, antes de dormirme.
Allí, tirada sobre la cama, pienso la forma de evitar la sopa, de pronto escucho un ruido muy fuerte que viene de la calle...
Me asomo a mirar, sin abrir la ventana, solo miro a través del vidrio y veo un camión que ha chocado contra el árbol de mi casa. Hay personas dormidas en las veredas... no, no creo que hayan decidido dormir ahí, esas personas deben haber perdido el conocimiento y cayeron, pero ¿por qué?
En ese preciso momento descubro que está produciéndose una lluvia muy rara; ¡llueve sopa!; la gente se desmaya al entrar en contacto con los fideitos y el caldo, me asusto mucho, verifico que la ventana esté bien cerrada; recuerdo que hace rato papá cerró todo, me tiro nuevamente sobre mi cama y me escondo debajo de la manta, temblando de miedo.
Oigo que alguien abre la puerta y asomo un ojo para poder ver, lo que vi me asustó aún más: un hombre con traje de buzo, con máscara de buceo que lo hacía más temible. El hombre me llama:
- ¡Mafalda, Mafalda!
Yo no quiero abrir los ojos, el hombre sigue llamándome:
- Mafalda, hija, te dormiste. Vamos a comer.
Intrigada vuelvo a mirarlo y descubro que es mi papá con su ropa de siempre.
- Papi, ¿tengo que tomar la sopa?
- Si comés todo lo que mamá te sirva, podés dejar la sopa por hoy.
- ¡Gracias papi!, ya bajo.-
Sumabe (Derechos reservados)