Y duele, sí, claro que duele,
Cada día, contra todos los pronósticos, duele más.
Su recuerdo se agranda y llega a tomar todo el espacio,
todas las horas,
todos los libros, todos los sentidos.
Lo vi irse por el camino verde,
mis ojos siguen clavados ahí,
no veo otra cosa.
El verde camino, los verdes árboles,
el verde sol y la verde luna de la noche aquélla.
Sentada me quedé por horas viendo verdes,
verdes claros y oscuros,
verdes amarillentos y verdes casi azules,
hasta que, la noche, con su luna verde,
robó los colores y todo fue gris.
Entonces regresé a los médanos,
a la sal, a los barcos y al verde constante
que me invade y me acuna.
Hoy me asomo al barandal de mi balcón, esperando...
Chicas y chicos danzan cerca del verde fuego,
su cantar animado trepa por el aire,
pero no consigue alegrarme,
mi amor verde,
mi pena verde.
Foto y texto: Sumabe (Derechos reservados)
