<<Ciudad de Buenos Aires - Noche de invierno – 2024>>
Munay, esa mujer, de altura media, muy delgada, regresando de la Universidad de Buenos Aires, bajó del bondi y tomó por las calles de siempre. Con su música preferida, sonando directo en los oídos, su viejo jean, zapatillas rotas y campera que tuvo mejores épocas. Poco le importaba el barrio, los sonidos conocidos, madres llamando a sus hijos, el llanto de los bebés, un auto en la avenida alejada, ladridos, maullidos, esa vecina que saluda al pasar, gritos, peleas, algún disparo sonando demasiado cerca para su gusto…, no le interesaba, no podía evitar verlos, al menos así, con los auriculares, no los escuchaba.
Deseaba irse de ese lugar, segura de merecer algo mejor, con sus veinticuatro años hacía todo lo posible para lograrlo, trabajaba siete días a la semana como programadora, estudiaba Ingeniería en Informática, ahorraba lo que podía.
La noche estaba demasiado oscura, nubes de tormenta pintaban el cielo de un color como metal oxidado, una mezcla entre gris y naranja. Le gustaba ese color que anunciaba tormenta, alzó sus ojos para ver el cielo esperando los rayos, el aire traía “olor a lluvia”, sonreía recordando el campo en Mercedes, allí estaba la casa de la abuela, donde fue feliz, después su padre quiso probar suerte en la gran ciudad, terminaron hace diez años, acá, en la mugre.
Una mano fuerte la tomó del brazo derecho, sacudiéndola. En ese preciso instante el cielo empezó a gotear, gotas gordas retumbaban al chocar contra los techos de chapas. Se quitó los auriculares, mirando a los ojos al pibe que la tenía agarrada. Él sostuvo su mirada mientras dijo:
- ¡Munay, te estoy llamando!
- No te oí Gonza, soltame. - Ella Intentó liberarse del agarre, forcejearon -. ¿Qué te pasa amigo?
- Nada, vení. - Gonza la empujaba hacia el callejón. Se acercaron otros dos chicos, hablando entre ellos y riéndose como si la cosa fuera muy graciosa.-
- ¡Basta, dejame! - Era tarde, ella tenía hambre, cansancio y sueño. La mochila le pesaba en la espalda, uno de ellos deslizó la gomita que sostenía su largo y oscuro pelo en una cola, sintió rabia. A uno de los chicos no lo conocía, era el más alto.-
- No te enojes amiga, - le dijo -, así estás más linda, ¿vamos a ponerla más linda, ¿eh?
Con el brazo que tenía libre, Munay tomó la mochila y la revoleó a la cabeza de Gonza, sin dejarla caer. El golpe lo sorprendió, le soltó el brazo… Ya estaban en la parte más oscura del callejón y las gotas de lluvia se habían convertido en un chaparrón, no había rayos ni truenos. De pronto el silencio, sólo se escuchaba la lluvia y los tres la rodearon.
Los atacantes seguían riéndose y susurraban entre ellos, uno alzó la voz y dijo:
- ¿Querés golpes?, golpes vas a tener.
Munay iba a gritar cuando recibió la primera trompada en la cara y ya no supo más. Cayó, inconsciente, siguieron pateándola en el piso, entre risas e insultos le sacaron la ropa de la cintura para abajo.
Otro ser los observaba desde la oscuridad, salió a cazar, como cada tanto hacía, había elegido esa zona despreciable, porque allí encontraba lo que buscaba: humanos descartables, el mundo estaría mejor sin ellos y ahí tenía tres ejemplares que llenaban todas sus expectativas.
El Duque Laurent HELVARY, viajero del mundo, siembra justicia a su manera, jugar a ser Dios se le da muy bien, sentencia a quien le parece mala persona, sin compasión.
En menos de lo que dura un parpadeo cae sobre los perpetradores, rompiendo el cuello de dos de ellos.
No bebe de los muertos, así que deja a uno con vida para alimentarse, disfrutó con la mirada de espanto del chico, mordió ese cuello con avidez hasta sentir que Madame La Morte llegaba, su vieja amiga, no en vano él había muerto hace más de doscientos años, se conocían y respetaban mutuamente.
Dejó que Gonza cayera al piso, delicadamente cerró sus ojos.
Miró a Munay, en un charco de sangre y barro, escuchó el latir de su corazón, la envidió por un momento, pese a su estado, su fuerte corazón seguía latiendo. Sintió pena por la chica, él había evitado la violación a la que hubiera sido sometida sin duda alguna. Pero ella estaba muy mal, sin ningún esfuerzo la tomó en sus brazos, tan delgada estaba. Alejándose de los cadáveres, buscó refugiarse de la lluvia.
Llegó donde había estacionado su auto, uno que no llamaba la atención de la gente del lugar, viejo y en mal estado, acomodó a la chica en el asiento de atrás, tapándola con una manta. Manejó unas cuadras y se detuvo, ya fuera de la zona detestable.
Laurent pensaba:
“¿Quién es esa niña rota? Fue acechada, perseguida, golpeada, insultada. Ella no entendía nada, ¿por qué le decían esas cosas? ¿por qué la castigaban?” - y no pudo evitar preguntar en voz alta - “¿Quién eres?”
Por su condición, podía ver el aura de Munay, por eso sabía de antemano que estaba ante alguien digno de su amistad, la había visto antes del ataque, su aura se destacaba entre todas las demás, era una de las pocas personas de ese lugar en quien podría confiar. No dudó más, él podía curarla y lo haría.
Se sentó junto a ella, con los dientes se hizo un pequeño corte en el dedo índice de su mano izquierda, la sangre comenzó a salir, lentamente, en pequeñas gotas, como la lluvia, convertida en llovizna, que apenas mojaba el parabrisas. Abrió la boca de Munay, dándole a beber pocas gotas de su sangre. Luego de un momento, la chica abrió los ojos. Con un pañuelo, Laurent limpió los labios de ella.
Laurent, con una dulce expresión, preguntó:
- ¿Quién eres?
Intrigado y curioso, se mantuvo en silencio, sonriendo.
Ella no confiaba, decidió no hablar, pensó escapar del auto, pero su cuerpo dolía mucho, no podría correr
- Te irás cuando quieras, pequeña, relájate, estás muy mal, te llevare a tu casa, ¿Quién te espera?
- Nadie, ¡¡no tengo a nadie!!, Munay rompió a llorar.
Calmado, él esperó, respetando las lágrimas.
- Debes cambiarte, darte un baño dime ¿Dónde quieres ir?
II
Laurent estaba cautivado por Munay, había una extraña belleza en su cuerpo herido, lo sentía como a una de esas obras de arte que reflejan dolor, a pesar de lo cual, no se puede apartar la vista de ahí. Pero su fascinación iba más allá de eso, su esencia lo atraía, su pureza en medio de la fatalidad, su lucha para estar mejor. La chica había elegido el camino difícil, eso debilitaba al Duque. Los ojos verdes de Munay lo miraban con desconfianza, él entendía los motivos, pero estaba decidido a hacer uso de tus poderes y tocar su mente si fuera necesario, llevarla consigo como su nueva mascota, la trataría bien por supuesto, como toda mascota merece, al menos hasta que otro ser se cruce en su camino subyugándolo.
El vampiro evitaba dañarla más de lo que ya estaba, como si de una porcelana se tratase.
Entonces ella dejó de llorar y comenzó a hablar.
- Vivo en una pieza que alquilo a una señora, en el barrio… lo miró de frente, titubeando…. La oscuridad los rodeaba, Munay estudiaba el aspecto del desconocido, Alto, rubio, no pudo definir el color de sus ojos, le parecieron claros.
- Vamos entonces, ¿estás bien como para guiarme? Él sonreía, mientras pensaba “Poco tiempo estarás ahí pequeña, hoy dormirás en un lugar mejor”
Munay, sacando fuerzas como pudo, respondió.
- Sí, yo te guío.
Respiró tranquila por primera vez, “parece un buen tipo”, pensó. Instintivamente llevó su mano en búsqueda de la pequeña cruz que, oculta bajo su ropa, la usaba desde niña.
Mientras Munay preparaba su bolso, en los bolsillos de la campera tenía documentos, llaves, la mochila se había perdido cuando la atacaron. Era una muñeca que bailaba al compás que Laurent le marcaba.
Todo salió como él quiso, la llevó a un departamento desocupado - de uno de los edificios de su propiedad -, debidamente amueblado. Hizo las llamadas pertinentes solicitando médico y enfermeras que la cuidarían día y noche.
III
Cuando ella estuvo repuesta, ya no fueron necesarios los cuidados de las enfermeras, por lo cual dejó a Munay sola en el departamento.
Esta nueva vida transcurrió concurriendo a clases en la Universidad, dejó el trabajo que tenía y aceptó ser secretaria de Laurent, las oficinas estaban en el mismo edificio del departamento que habitaba “Muy conveniente” pensaba la chica. Su ánimo estaba cambiando, esta vida le hacía bien, ganaba más dinero que antes y podía darse algunos lujos, como ir al Salón de Belleza y comprar ropa nueva.
El Duque, durante el día, descansaba en su mansión, despertaba en cuanto el sol se ponía. Sus asuntos eran manejados por expertos en todos los rubros a los que sus empresas se dedicaban, se reunía con ellos en días y horarios muy convenientes para él. Cada dos días salía de cacería y, una vez saciada su hambre, visitaba a Munay, solía quedarse horas con ella, a veces sin hablar, mirándola extasiado, la observaba cuando ella estudiaba o mientras trabajaba.
Necesitaba que fuera suya, que le perteneciera totalmente. Que sea su esclava, “Hablaré con ella, le contaré quién soy”, sonreía mientras lo pensaba, “Me aceptará, mi hermosa pequeña, creyendo que ella lo decide”
Así fue, Munay adoraba al ser que le había cambiado la vida, sin saber de la manipulación de la que era objeto, daría su vida por su salvador. No se animaba a preguntarle la edad, pero lo veía como a un hermano mayor.
Cuando se le reveló el gran secreto sobre la estirpe del Duque, creyó que era una broma, él le contó que podía darle una vida más fabulosa que ésta, aumentando en ella su fortaleza, mejorando todos los procesos biológicos, envejecería más lentamente, sin perder su humanidad, o sea: le contó las bondades, pero no habló de la dependencia que se crearía, a esas gotas de sangre que cada día ella bebería, no era necesario, eso a él no le importaba. Al darse cuenta que era en serio, Munay, sin dudarlo, aceptó. Desde entonces ha sido Ghoul, dependiente de la vitae. Sus sentidos se agudizaron, era más fuerte y rápida. Unas gotas de la sangre de Laurent, vertidas en su boca, solo eso y se sentía una diosa.
¿Cuánto tiempo duraría la puesta en escena de una vida perfecta? A Laurent solo le interesaba disfrutar de la presencia de ella y saberla su esclava le agregaba condimento a la experiencia, el futuro no le preocupaba, qué pasaría con ella no era su asunto, sabía que estaba la posibilidad de que fuera reemplazada por otro u otra en cualquier momento.
El destino de Munay era vivir en medio del terror, había evitado la muerte en su barrio, pero le esperaba algo peor, infinitamente peor que morir.
IV
<<Bélgica, Bruselas, primavera en el hemisferio Norte del año 2025>>
Así pasaron los meses, un año completo que para Munay estuvo lleno de cosas sorprendentes, adaptándose a lo nuevo, además llegó el día tan esperado, aprobó todos los exámenes y se recibió de Ingeniera en Informática. Laurent quiso premiarla llevándola consigo a Bélgica. Debía regresar a su ciudad natal, no podía dejarla, la dependencia era de ambos lados, la fascinación que el Duque sentía por ella, contra cualquier suposición, se extendía en el tiempo.
Una vez en ese país, la chica iba de maravillarse a extasiarse con todas y cada una de las cosas que Laurent, haciendo de guía turístico, la llevaba a conocer. Pero eso sucedía durante las noches, los días de la Ingeniera transcurrían en largos paseos por el casco histórico de Bruselas, donde descubría por su cuenta, barcitos, tiendas de artesanías, venta de especias con sabores y aromas increíbles, casas de música, librerías, bibliotecas, museos. Todas esas cosas que no podría ver de noche con Laurent.
La Ghoul iba potenciando sus sentidos, fuerza, velocidad, percibía cosas que antes no, sentía que algo oscuro se apoderaba de ella, lentamente, pero con constancia.
Averiguar sobre esa sombra que crecía en su interior la llevó a explorar en búsqueda de información sobre los caminantes de la noche, los fríos, esos seres de los que no sabía nada y de los cuales el Duque no deseaba hablar.
Una mañana, en una antigua librería, le respondieron que todas esas leyendas tenían una parte real, sin dudas, que los documentos manuscritos que lo confirmaban estaban guardados en una caja de seguridad del palacio de la Casa Helvary.
- ¿Casa Helvary?, ya sé dónde está eso, gracias por la información. Munay estaba excitada, creyendo que fácilmente obtendría lo que buscaba. Dentro de sí crecía el ansia por conocer todo absolutamente. Saber cómo había empezado este modo de adquirir poder, quien había sido el primero. No tenía miedo, no, avidez de conocimiento es lo que la motivaba ahora.
Corrió hasta la Casa Helvary, enorme y fastuoso palacio, que es el lugar donde el Duque ha nacido, donde ahora ella se alojaba, en secreto averiguaría, sobre los vampiros, luego vería qué hacer, cómo actuar, amarlos u odiarlos al extremo.
Sabía dónde podrían estar los manuscritos, en la bóveda del subsuelo. Las plantas superiores del palacio contaban con todos los lujos y los adelantos del siglo XXI, pero el nivel inferior no.
Sin temor fue bajando las escaleras, con el celular en la mano en modo linterna, no podía detenerse, lo que sea que estuviera en la profundidad, la atraía, la llamaba, era la oscuridad que de a poco se iba apoderando de la dulce Munay.
Al llegar abajo, en las paredes vio antorchas, mesas con velas, libros antiguos, el salón era enorme, de piedra, el frio y la humedad trataban de convencerla de irse de ahí, soltó una carcajada,
- ¡Vivo con uno de ellos hace más de un año, no me asustaré ahora!
A pesar de sus palabras, temblaba y no era de frio. Por miedo a que su móvil se quedara sin batería, comenzó a encender velas, como si la luz trémula de ellas pudiera espantar a los miedos que la colmaban. Pudo ver la bóveda abierta y todo su contenido arruinado por la humedad, se dedicó a revisar lo demás, poco entendía, casi todo estaba escrito en un idioma desconocido, hasta que dio con uno en español antiguo y dos en inglés, era justamente lo que buscaba, guardó los tres en su bolso en el momento en que empezaron los ruidos.
- ¿El viejo truco de las cadenas arrastradas y lobos aullando? ¡Vamos!, si quieren asustarme sean creativos, eso ya lo vi en todas las pelis de terror que recuerdo.
Decía eso mientras se encaminaba hacia la escalera, apagando las velas a su paso, para evitar el incendio de esas antigüedades invaluables. Una tela de araña se pegó en su cara y pelo, a manotazos se la quitó. Subió los escalones sin volverse a mirar hacia atrás, iba subiendo hacia la luz del día, pero volviendo a sentir que lo oscuro la atraía, no solamente la falta de luz, no solo ese tipo de oscuridad, sino la oscuridad de la maldad.
V
Durante dos noches seguidas no durmió, Munay encontraba todas las respuestas que necesitaba y más, había elegido bien, esos libros contenían secretos milenarios.
“De alguna manera” - pensaba – “he perdido la inocencia, ya no soy la mujer ingenua a la que se podía envolver en engaños. Ahora entiendo muchas cosas y deberé ser cautelosa, extremadamente cautelosa”.
Necesitaba más información, bajar nuevamente a los subsuelos del palacio no estaba en sus planes, ella conocía otra forma de llegar al conocimiento, se llamaba de distintas maneras: Deep Web, DarkWeb, Hidden Web, Invisible Web, donde todo lo ilegal, prohibido, secreto u oscuro puede hallarse.
Comenzó por llevar siempre sus auriculares con música, para que su mente no fuera tan fácilmente leída, compró una notebook igual a la que usaba al trabajar, exclusivamente para navegar por la Web profunda. Si alguien la veía con la nueva, no se extrañaría, pues pensaría que era la misma de siempre. El apodo que usaba ya no le servía, mucha gente conocía personalmente a "Índigo", el nuevo “Yggdrasil” era perfecto para lo que ella necesitaba.
La cantidad de información sobre el tema, la llevó a diferenciar mito de realidad, en pocos lugares podía confiar, pero uno especialmente llamó su atención, “La Sociedad de Leopoldo”, una organización cuyo objetivo es eliminar a todos los vampiros del planeta, tan interesada estaba en el tema, que, por un momento, olvidó dónde se encontraba y lo cautelosa que debía ser, repitiendo en alta voz una cita del fundador de la Sociedad, Leopoldo de Murnau dijo en “El testamento de Leopoldo”:
"Y el Angel me dijo con voz potente. Muchos son los hijos de Dragón, la Serpiente, el Gran Satán, y están ahora entre vosotros. Os digo, siervos de Cristo, que la Parousia está cerca, que el Segundo Advenimiento está al llegar. Los hijos de Dragón siguen creciendo y multiplicándose y son una herida sobre la Tierra. Somos el bálsamo para su herida: debemos limpiarla con fuego y purificarla, y entonces la tierra estará lista para la Parousia y todos seremos juzgados dignos."
Era mediodía, pero cuando terminó de recitar esas palabras, las sombras comenzaron a invadir el cuarto de Munay, ella se quedó en silencio, observando, sentía que su silla se agitaba, otra vez los ruidos alarmantes: aullidos, campanas que sonaban a lo lejos, gritos... El deseo de beber esas dos gotas de vitae más ansiosamente que nunca... Cerró sus ojos, en medio de su terror recordó la crucecita que llevaba al cuello desde siempre, la tocó apenas con la punta de sus dedos. Los sonidos apagados y lejanos se acercaban y la llamaban por su nombre, entonces vino a sus labios una oración que aprendió de niña:
- La Santa Cruz sea mi luz. No sea el demonio mi guía. Retírate Satanás. No me aconsejes vanidades. Son malas las cosas que brindas. Bebe tú esos venenos.
Abrió los ojos y, la noche se había apoderado del lugar, a la distancia pudo escuchar las risotadas del Duque, tomó la Cruz con tanta fuerza que le dolían los dedos, no podía moverse, repitió la oración. De a poco los sonidos se fueron apagando, llevándose con ellos las sombras. El sol volvió a entrar por la ventana. Los auriculares no habían dejado de sonar, la música llegaba a sus oídos.
Una danza macabra se apodera de su mente, sigue siendo ese triste juguete en las manos del Duque, recién ahora empezó el juego. Ahora es cuando él obtiene máximo placer, ahora que ella sabe más y quiere defenderse.
El Duque piensa: "Hice bien dándole libertad, esa exquisita alma quiere volar y yo saldré a cazarla, sin que lo note. La hice libre, independiente, decidida, como me gustan". Laurent ríe entre dientes mientras piensa: "Mi sangre la llamará, ¡siempre!, al menos hasta que me aburra..."
(Continuará)
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