FANTASMA

 

Huyendo del pueblo donde nací y crecí, salí de casa con rumbo a la vieja Estación. Allí tomaré el tren que me dejará en la gran ciudad.

Me despedí de los viejos y mis hermanos en casa, no quise que me acompañaran.

Eran pocas cuadras, las hice caminando, con la alegría que me producía saber que, al día siguiente,  ocuparía un puesto en la redacción del diario más leído del país.

Elegí viajar de noche para dormir durante el largo viaje.

¡Al fin estaba en el andén!, pero tengo 40 minutos de espera. Muy ansioso me senté en el viejo y gastado banco de madera, observando a mi alrededor, no sabía cuando volvería a ver todo aquello, tomé una respiración muy profunda, soltando luego un largo suspiro que era como el adiós a aquél lugar.

No me gusta nada el hombre de traje gris que me mira desde el puesto de revistas y ahora se me acerca. Se sienta a mi lado y me saluda.

-        - Buenas noches.

-         - Buenas noches, le contesto.

El hombre sonríe y continúa diciendo:

-         - ¡Usted puede verme, qué bien!

Sorprendido por el comentario, decidí no contestarle, me corrí un poco y miré para otro lado.

-       - No se haga el distraído, no tema, no estoy loco – me dijo – Voy a contarle mi historia.

-         - Que sea breve, por favor, debo tomar ese tren. - Le dije, fastidiado ante la confianza que se tomaba el desconocido -.

-         - Tranquilo amigo, usted se irá como tiene planeado.- Desabrochando el saco, continuó hablando - Bien, hace veintidós años fui arrollado por un tren, acá mismo, estaba borracho, regresaba de mi despedida de soltero, caí a las vías y pasó lo que pasó. Mi cuerpo quedó destrozado, no pudieron reconocerme. Mi gente todavía me espera.

-           - ¿Qué me está diciendo?, dije sorprendido.

-          - Sí eso que usted está pensando, justamente: soy un fantasma. Mire mi documento, ahí dice que debería tener 52 años, ¿parezco de 52?

Sin salir de mi sorpresa, respondo:

-         - Parece mucho más joven.  Debo reconocer que la historia es interesante, si me permite, tomaré notas y si todo esto que me cuenta fuera verdad, lo publico, con esa condición lo escucho.

-         - Haga lo que quiera con la historia, pero antes debe hacerme un favor, buscará a mi novia de entonces y le contará por qué motivo no fui a la boda.

-        - Bueno, deme los datos; la buscaré ni bien me instale en la ciudad. -  Ante mis palabras el extraño cambió su expresión, era la imagen de la desesperación o el enojo, no estoy seguro. A lo cual respondió:

-        -  No amigo, la buscará ahora.

-         Entonces el furioso era yo: - No puedo perder ese tren.

-        Con voz algo más conciliadora, continuó  hablando: - Ella vive en este pueblo, a pocas cuadras de acá y el tren saldrá cuando yo lo decida.

En ese momento, desde los altavoces, escuché el anuncio: “Por problemas técnicos se demora la partida del tren con destino a Buenos Aires. Los mantendremos informados. Disculpen las molestias.”

-          -  ¡Oh, no, lo que faltaba!, ahora no sale el tren. - Debía llegar a horario a la ciudad, era imprescindible.-

-        -  Ya le dije amigo, el tren saldrá cuando yo quiera, si de verdad desea viajar, deberá obedecerme.

Totalmente confundido, no sabía qué hacer, tenía dos opciones, la primera y más lógica era ignorar al hombre de gris y seguir con mi vida como lo tenía pensado, la segunda era dar rienda suelta a mi instinto de periodista y buscar a esa mujer que él me indicaba, para escribir una buena nota.

-        -   Pedro, ése es el nombre que leí en su documento, va a explicarme algunas cosas antes de que yo me decida a obedecer; por ejemplo: Si usted lleva el DNI encima, ¿Cómo es que no lo identificaron?

-        -  Bien pensado amigo; a propósito ¿Cuál es su nombre?

-         - Miguel.

-          -  Un placer, Miguel. Vea, hay reglas que debo cumplir, aunque no quiera, no tengo opciones; estoy obligado a hacer determinadas cosas: vestir este traje gris (no es la ropa que estaba usando cuando me caí en las vías); portar documento de identidad (que tampoco llevaba al morir) y mantenerme dentro de los límites de esta estación, entre muchas otras que no voy a contarle ahora porque usted debe viajar en ese tren, ¿verdad?

-        -  Sí, claro.- Hablaba inquieto, la situación me superaba -

-         -  Entonces abreviemos; mi novia es Alma Montes, vive en la calle…

Incómodo, aunque interesado en el tema, lo interrumpo:

-         -   Sí sé donde vive Alma, fue mi maestra de cuarto grado, la conozco bien.

-          -- Pueblo chico, se conocen todos, cierto. Entonces mejor, vaya a ver a Almita y cuéntele qué me pasó. En cuanto regrese con la tarea cumplida, podrá viajar; es una promesa. 

-         -   No estoy convencido, no puedo presentarme en la casa de ella y decirle simplemente: “El fantasma de tu novio vive en la Estación”, Alma va a pensar que enloquecí.

-        -  Dígale que el 5 de abril era nuestro día especial, que “Persiana americana” era nuestra canción y que en su cumpleaños le regalé una pulsera de oro con una mariposa esmaltada en azul; con esos datos va a despertar toda la atención de mi novia.

-          -  ¿El tren no se irá sin mí?

-       Miguel escuche los altoparlantes…

El sonido llegó a mí: - “El tren con destino a Buenos Aires continúa demorado”.   

-         -  ¿Cómo sabía que mandarían ese aviso?- dije asustado, debo reconocerlo -

-      -  ¿Necesita más pruebas?

-       -  No, o tal vez sí, sigo confundido, pero voy a arriesgarme. ¡Detenga ese tren!

Capítulo II 

Fui corriendo a la casa de Alma, la valija se había convertido en una carga muy pesada. Una vez adentro, traté de no tener en cuenta la cara sorprendida de la “Señorita Alma” y le conté toda la historia de una vez. Al terminar, temblando, tomé un sorbo del agua que ella me ofrece y, en silencio, la miro a los ojos, ahora sí tratando de descubrir que estaba pensando ella.

-        -  Querido Miguel, es mi turno de hablar – dice Alma- voy a contarte qué pasó en la noche previa a mi frustrada boda. Aquella noche, como vos ya sabés, se hizo la despedida de soltero de Pedro.  A las 2 de la mañana regresaron mis hermanos, me pareció demasiado temprano y les pregunté si la despedida ya había terminado. Ellos dijeron que sí.  Entonces me alegré de poder ir un ratito a ver a Pedro para “hacer nuestra despedida privada”, dijo riendo y suspirando. Mis hermanos me pidieron que no fuera, que mi novio estaba demasiado borracho, que lo dejara dormir. Pero no hice caso, muy contenta me puse la campera y caminé hasta la casa de Pedro; unos metros antes de llegar vi que dos personas tambaleantes salían de esa casa, un hombre y una mujer.  El hombre era mi novio y la mujer era la chica por la que me dejó en 2001, durante dos meses. Elina, la rubia de la otra cuadra.

    Me escondí detrás de un árbol para que no me vieran y, cuando se alejaron un poco, comencé a seguirlos para saber qué hacían. Estaban terriblemente borrachos, se apoyaban uno en el otro. Iban cantando a los gritos, los perros de la cuadra les ladraban, cada dos o tres pasos se detenían a besarse y manosearse. No pude más y empecé a llorar. El día antes de nuestra boda me estaba engañando. ¿Me dejaría otra vez por esa?

    Llegaron a la casa de Elina, volvieron a besarse, ella intentó abrir, le costaba poner la llave en la cerradura, cuando por fin abrió, dijo: “Chau amor, llámame, te amo”; él, sosteniéndose de la reja, le contestó: “Yo también preciosa, yo también”.

    No había llevado pañuelo, así que me secaba las lágrimas como podía; intenté llamar a Pedro que ya estaba volviendo a su casa, pero no: preferí seguirlo y hablar con él donde nadie nos oyera.

    De pronto, Pedro cambió de rumbo, yo creo que su estado de embriaguez lo confundió totalmente y no sabía ni por donde iba, a los tumbos se dirigió a la Estación.

    Me repetía: “la ama, va a llamarla mañana, me va a dejar otra vez”. Así fue que llegamos al andén y ahí estábamos solos los dos, escuchando el tren que llegaba: era el rápido, no se detendría en el pueblo.

Pedro se acercó demasiado al borde del andén, el tren estaba muy cerca, mi novio se balanceaba en un pie, yo solo tuve que empujarlo un poco.

 Capítulo III

Hace una semana que duermo poco y mal, en esa especie de “duermevela” creo escuchar la voz de Pedro que me llama, por supuesto que no doy crédito a mis fantasías. 

Ya pasaron dos años de aquel suceso extraño, estoy instalado en Buenos Aires, trabajo mucho. Cada seis meses voy a mi pueblo a visitar a mi familia; en ninguno de esos viajes he notado nada fuera de lo normal. En el último viaje fui a visitar a Alma, la encontré muy tranquila en el jardín, descansando después de una larga jornada de trabajo en el Colegio; su única preocupación era una plaga que estaba atacando los rosales.

Me levanté más temprano que de costumbre, con un gran cansancio, la ducha ayudó a despertarme, el llamado de Pedro seguía sonando en mi cabeza. No pude concentrarme en el trabajo, me excusé pretextando un fuerte dolor de cabeza y regresé a mi departamento.

-         -  Pedro, ¡Basta! Dejame tranquilo, ¿Qué Querés ahora?

-        -  Que vengas, te espero y debe ser hoy.

-         -  ¿Toda la vida voy a tener que soportarte?, no puedo más.

-         -  Miguel, si Querés que esto termine, vení hoy, te espero, pero debés llegar hoy.

-         -  ¿Si voy, te callarás para siempre?

-        -  Sí, es una promesa.

-         -  Está bien, ya mismo salgo, todo sea por no escucharte más.

Hoy, 5 de abril de 2023, regreso a mi pueblo convocado por un fantasma. El viaje es largo, escribiré la historia de Pedro y Alma mientras viajo, por ahora Pedro permanece callado, así que podré concentrarme en la escritura. 

Debo haberme dormido a los pocos minutos de iniciado el viaje pues solo escribí la fecha: 05/04/2023.

-        Esa fecha me suena como importante, me digo, ¡pero claro! 

el  Es el día especial de Alma y Pedro. -  Esto no es pura coincidencia, ¿no, Pedro?

-         -  Las coincidencias no existen amigo.

Ya es noche cerrada, bajo del tren y me siento en el mismo banco de madera de hace dos años.

-         -   Ya estoy acá, ¿qué más querés?

-          -  Andá a buscar a Alma, tráela, decile que tengo que hablarle.

-         -  No va a querer venir, yo nunca te conté la conversación que tuve con ella, aquella noche…

-        -  Yo sé más de lo que te imaginás.

-        -  ¿Vos sabés todo?

-          -  A medida que pasan los años, voy adquiriendo nuevas habilidades. Ahora ya sé que Alma me vio besando a Elina y lo que sucedió luego, es mi culpa todo lo que pasó. No pierdas tiempo,  Miguel, andá a buscarla. Entiendo todo, la amo.  - Pedro baja la mirada, se lo ve cansado y triste, pero decidido -

-        -  Mirá Pedro, hagamos así, vos me decís a mi lo que quieras para Alma, yo se lo cuento y asunto terminado. No la hagas venir, no es bueno para ella.

-        -  Es que no voy a decirle nada, tengo que darle algo.

-         -  ¡No puede verte! ¿Cómo vas a hacer para “darle algo” ?, esperá... ¿Qué le vas a dar?

-       -   Miguel calmate y andá, Falta poco para la medianoche y es importante que la entrega se haga antes de esa hora.

 Capitulo  IV

Convencer a Alma para ir a la Estación, por pedido de Pedro, fue más fácil de lo que yo creía.  El otoño va trayendo noches frescas, una brisa nos acompaña, casi como una amiga más. El cielo despejado de un azul intenso, ¡con tantas estrellas!, eso es lo que extraño desde que vivo en la gran ciudad: estirar mi mano y casi tocarlas. 

Le ofrezco mi brazo a la Señorita Alma, ella lo toma sonriendo, pero sus ojos  no reflejan ese sonreír, son ojos de miedo tal vez, tratando de calmarla, le hablo de la bella noche, no me contesta, está concentrada en sus pensamientos...

Ya casi llegamos, se escucha música, a medida que nos acercamos se oye más fuerte, puedo reconocer la canción es “Persiana americana”. Llegamos al andén y nos damos cuenta de que la música se transmite por los parlantes que allí están. Sólo estamos nosotros tres y dos perros que tratan de dormir refugiados bajo el techo de tejas. Veo a Pedro parado frente a nosotros, con esa expresión que tienen los enamorados frente a la persona amada.

Alma siente el frío en el aire; entonces sobre su camisa blanca, se envuelve con un chal tan azul como el cielo nocturno, empieza a hablar:

-        -  ¿Está Pedro acá?

-        -  Si, frente a nosotros.

ElElla retira el flequillo que ya cae sobre sus ojos y lo acomoda hacia un lado, pestañea mientras dice:

-E    -  Preguntale si él eligió la música.

-         -  El te oye, preguntale vos.

-          --Decile que sí, que yo elegí la música, dijo Pedro, elegí esa porque es la nuestra.

-         -  Estoy muy nerviosa, me da miedo esto, quiero volver a casa, por favor.

Pedro empieza a cantar fragmentos de la canción y, sorprendentemente, su voz se oye desde los altoparlantes:

-        “Yo te prefiero, fuera de foco, inalcanzable, yo te prefiero irreversible, casi intocable… Es difícil de creer, creo que nunca lo podré saber, solo así yo te veré. Estamos al borde de la cornisa, casi a punto de caer. Lo que pueda suceder, no gastes fuerzas para comprender, sólo así yo te veré 

Al Alma se toma de mi brazo, se sienta en el banco, pálida.      

-   Escuchar tu voz, me provoca sensaciones encontradas, -dice ella,- recuerdos de los buenos  tiempos, y miedo, un miedo enorme, que sea rápido lo que quieras hacer y dejame regresar a   casa.

-        -   Miguel, dijo Pedro, decile que no tema, no cantaré más, ya no me oirá, la amo, yo solo quise verla antes de irme para siempre y darle algo.

Mientras él habla, descubro que el amor del que habla Pedro es sincero, puro, se siente como real, a pesar de que es un fantasma, emocionado, repito para que Alma escuche y digo, sorprendido:

-        -  Te irás amigo, ¡al fin podrás descansar!

-        -   Si logro hacer lo que hoy me propuse, sí me iré.

-          Le cuento a Almita: 

--         -  Almita. Pedro está poniendo su mano en el bolsillo y saca algo, es una pulserita de oro, con una mariposa… -y dirigiéndome a Pedro -  Decime, ¿esa es la pulsera que me contaste hace dos años?

AlAlma aprieta fuerte mi brazo, la siento temblar.

-         -  Miguel decile a Alma que extienda su mano.

-          -  Alma, dame tu mano, así, con la palma hacia arriba, dejala ahí, espera, él va a darte algo, no temas, no te hará daño.

Las siguientes palabras, que yo repito como antes, para Alma, son las ultimas que dijo:

-  “Antes de irme, amor mío, quise devolverte esta pulserita que ha quedado enganchada en mi ropa, en el momento que me empujaste a las vías y que sepas que entendí por qué lo hiciste."

Después de decirlas, Pedro sonríe, dice un "Te amo, siempre".

Intenta acariciar a la mujer, pero no lo logra, se desvanece lentamente, así como la música se  diluye entre los sonidos nocturnos…


Sumabe (Derechos reservados)

 

 

 

           


MANIPULACIÓN

 

<<Ciudad de Buenos Aires - Noche de invierno – 2024>>

Munay, esa mujer, de altura media, muy delgada, regresando de la Universidad de Buenos Aires, bajó del bondi y tomó por las calles de siempre. Con su música preferida, sonando directo en los oídos, su viejo jean, zapatillas rotas y campera que tuvo mejores épocas. Poco le importaba el barrio, los sonidos conocidos, madres llamando a sus hijos, el llanto de los bebés, un auto en la avenida alejada, ladridos, maullidos, esa vecina que saluda al pasar, gritos, peleas, algún disparo sonando demasiado cerca para su gusto…, no le interesaba, no podía evitar verlos, al menos así, con los auriculares, no los escuchaba.

Deseaba irse de ese lugar, segura de merecer algo mejor, con sus veinticuatro años hacía todo lo posible para lograrlo, trabajaba siete días a la semana como programadora, estudiaba Ingeniería en Informática, ahorraba lo que podía.

La noche estaba demasiado oscura, nubes de tormenta pintaban el cielo de un color como metal oxidado, una mezcla entre gris y naranja. Le gustaba ese color que anunciaba tormenta, alzó sus ojos para ver el cielo esperando los rayos, el aire traía “olor a lluvia”, sonreía recordando el campo en Mercedes, allí estaba la casa de la abuela, donde fue feliz, después su padre quiso probar suerte en la gran ciudad, terminaron hace diez años, acá, en la mugre.

Una mano fuerte la tomó del brazo derecho, sacudiéndola. En ese preciso instante el cielo empezó a gotear, gotas gordas retumbaban al chocar contra los techos de chapas. Se quitó los auriculares, mirando a los ojos al pibe que la tenía agarrada. Él sostuvo su mirada mientras dijo: 

 - ¡Munay, te estoy llamando!

- No te oí Gonza, soltame. - Ella Intentó liberarse del agarre, forcejearon -. ¿Qué te pasa amigo?

- Nada, vení. - Gonza la empujaba hacia el callejón. Se acercaron otros dos chicos, hablando entre ellos y riéndose como si la cosa fuera muy graciosa.-

- ¡Basta, dejame! - Era tarde, ella tenía hambre, cansancio y sueño. La mochila le pesaba en la espalda, uno de ellos deslizó la gomita que sostenía su largo y oscuro pelo en una cola, sintió rabia. A uno de los chicos no lo conocía, era el más alto.-

- No te enojes amiga, - le dijo -, así estás más linda, ¿vamos a ponerla más linda, ¿eh?

Con el brazo que tenía libre, Munay tomó la mochila y la revoleó a la cabeza de Gonza, sin dejarla caer. El golpe lo sorprendió, le soltó el brazo… Ya estaban en la parte más oscura del callejón y las gotas de lluvia se habían convertido en un chaparrón, no había rayos ni truenos. De pronto el silencio, sólo se escuchaba la lluvia y los tres la rodearon.

Los atacantes seguían riéndose y susurraban entre ellos, uno alzó la voz y dijo:  

- ¿Querés golpes?, golpes vas a tener.

 Munay iba a gritar cuando recibió la primera trompada en la cara y ya no supo más. Cayó, inconsciente, siguieron pateándola en el piso, entre risas e insultos le sacaron la ropa de la cintura para abajo.

Otro ser los observaba desde la oscuridad, salió a cazar, como cada tanto hacía, había elegido esa zona despreciable, porque allí encontraba lo que buscaba: humanos descartables, el mundo estaría mejor sin ellos y ahí tenía tres ejemplares que llenaban todas sus expectativas.

El Duque Laurent HELVARY, viajero del mundo, siembra justicia a su manera, jugar a ser Dios se le da muy bien, sentencia a quien le parece mala persona, sin compasión.

En menos de lo que dura un parpadeo cae sobre los perpetradores, rompiendo el cuello de dos de ellos.

No bebe de los muertos, así que deja a uno con vida para alimentarse, disfrutó con la mirada de espanto del chico, mordió ese cuello con avidez hasta sentir que Madame La Morte llegaba, su vieja amiga, no en vano él había muerto hace más de doscientos años, se conocían y respetaban mutuamente.

Dejó que Gonza cayera al piso, delicadamente cerró sus ojos.

Miró a Munay, en un charco de sangre y barro, escuchó el latir de su corazón, la envidió por un momento, pese a su estado, su fuerte corazón seguía latiendo.  Sintió pena por la chica, él había evitado la violación a la que hubiera sido sometida sin duda alguna. Pero ella estaba muy mal, sin ningún esfuerzo la tomó en sus brazos, tan delgada estaba. Alejándose de los cadáveres, buscó refugiarse de la lluvia.

Llegó donde había estacionado su auto, uno que no llamaba la atención de la gente del lugar, viejo y en mal estado, acomodó a la chica en el asiento de atrás, tapándola con una manta.  Manejó unas cuadras y se detuvo, ya fuera de la zona detestable.

 Laurent pensaba:

“¿Quién es esa niña rota? Fue acechada, perseguida, golpeada, insultada. Ella no entendía nada, ¿por qué le decían esas cosas? ¿por qué la castigaban?” - y no pudo evitar preguntar en voz alta - “¿Quién eres?”

Por su condición, podía ver el aura de Munay, por eso sabía de antemano que estaba ante alguien digno de su amistad, la había visto antes del ataque, su aura se destacaba entre todas las demás, era una de las pocas personas de ese lugar en quien podría confiar. No dudó más, él podía curarla y lo haría.

Se sentó junto a ella, con los dientes se hizo un pequeño corte en el dedo índice de su mano izquierda, la sangre comenzó a salir, lentamente, en pequeñas gotas, como la lluvia, convertida en llovizna, que apenas mojaba el parabrisas. Abrió la boca de Munay, dándole a beber pocas gotas de su sangre. Luego de un momento, la chica abrió los ojos. Con un pañuelo, Laurent limpió los labios de ella.

Laurent, con una dulce expresión, preguntó: 

- ¿Quién eres?

Intrigado y curioso, se mantuvo en silencio, sonriendo.

Ella no confiaba, decidió no hablar, pensó escapar del auto, pero su cuerpo dolía mucho, no podría correr Laurent “escuchó” en su mente, los deseos de escapar de la chica, intentó calmarla con palabras de consideración: 

- Te irás cuando quieras, pequeña, relájate, estás muy mal, te llevare a tu casa, ¿Quién te espera?

- Nadie, ¡¡no tengo a nadie!!, Munay rompió a llorar.

Calmado, él esperó, respetando las lágrimas.  

- Debes cambiarte, darte un baño dime ¿Dónde quieres ir? 

II

Laurent estaba cautivado por Munay, había una extraña belleza en su cuerpo herido, lo sentía como a una de esas obras de arte que reflejan dolor, a pesar de lo cual, no se puede apartar la vista de ahí. Pero su fascinación iba más allá de eso, su esencia lo atraía, su pureza en medio de la fatalidad, su lucha para estar mejor. La chica había elegido el camino difícil, eso debilitaba al Duque. Los ojos verdes de Munay lo miraban con desconfianza, él entendía los motivos, pero estaba decidido a hacer uso de tus poderes y tocar su mente si fuera necesario, llevarla consigo como su nueva mascota, la trataría bien por supuesto, como toda mascota merece, al menos hasta que otro ser se cruce en su camino subyugándolo.

El vampiro evitaba dañarla más de lo que ya estaba, como si de una porcelana se tratase.

Entonces ella dejó de llorar y comenzó a hablar. 

Vivo en una pieza que alquilo a una señora, en el barrio… lo miró de frente, titubeando…. La oscuridad los rodeaba, Munay estudiaba el aspecto del desconocido, Alto, rubio, no pudo definir el color de sus ojos, le parecieron claros.

- Vamos entonces, ¿estás bien como para guiarme? Él sonreía, mientras pensaba “Poco tiempo estarás ahí pequeña, hoy dormirás en un lugar mejor”

Munay, sacando fuerzas como pudo, respondió. 

- Sí, yo te guío.

Respiró tranquila por primera vez, “parece un buen tipo”, pensó. Instintivamente llevó su mano en búsqueda de la pequeña cruz que, oculta bajo su ropa, la usaba desde niña.

Cerró los ojos, se dejó llevar creyendo que confiaba en él, sin saber que era imposible negarle algo, que él haría con ella lo que quisiera. Que la manipulaba. Estaba en sus manos sin conocer la verdad y confiaba. Una vez en la pieza, Laurent le “sugirió”, (no era sugerencia era una orden directa a su cabeza) que reuniera sus cosas importantes y permitiera que le diera la debida atención médica.

Mientras Munay preparaba su bolso, en los bolsillos de la campera tenía documentos, llaves, la mochila se había perdido cuando la atacaron.  Era una muñeca que bailaba al compás que Laurent le marcaba.

Todo salió como él quiso, la llevó a un departamento desocupado - de uno de los edificios de su propiedad -, debidamente amueblado. Hizo las llamadas pertinentes solicitando médico y enfermeras que la cuidarían día y noche.

III

Cuando ella estuvo repuesta, ya no fueron necesarios los cuidados de las enfermeras, por lo cual dejó a Munay sola en el departamento.

Esta nueva vida transcurrió concurriendo a clases en la Universidad, dejó el trabajo que tenía y aceptó ser secretaria de Laurent, las oficinas estaban en el mismo edificio del departamento que habitaba “Muy conveniente” pensaba la chica. Su ánimo estaba cambiando, esta vida le hacía bien, ganaba más dinero que antes y podía darse algunos lujos, como ir al Salón de Belleza y comprar ropa nueva.

El Duque, durante el día, descansaba en su mansión, despertaba en cuanto el sol se ponía. Sus asuntos eran manejados por expertos en todos los rubros a los que sus empresas se dedicaban, se reunía con ellos en días y horarios muy convenientes para él. Cada dos días salía de cacería y, una vez saciada su hambre, visitaba a Munay, solía quedarse horas con ella, a veces sin hablar, mirándola extasiado, la observaba cuando ella estudiaba o mientras trabajaba.

Necesitaba que fuera suya, que le perteneciera totalmente. Que sea su esclava, “Hablaré con ella, le contaré quién soy”, sonreía mientras lo pensaba, “Me aceptará, mi hermosa pequeña, creyendo que ella lo decide”

Así fue, Munay adoraba al ser que le había cambiado la vida, sin saber de la manipulación de la que era objeto, daría su vida por su salvador. No se animaba a preguntarle la edad, pero lo veía como a un hermano mayor.

Cuando se le reveló el gran secreto sobre la estirpe del Duque, creyó que era una broma, él le contó que podía darle una vida más fabulosa que ésta, aumentando en ella su fortaleza, mejorando todos los procesos biológicos, envejecería más lentamente, sin perder su humanidad, o sea: le contó las bondades, pero no habló de la dependencia que se crearía, a esas gotas de sangre que cada día ella bebería, no era necesario, eso a él no le importaba. Al darse cuenta que era en serio, Munay, sin dudarlo, aceptó. Desde entonces ha sido Ghoul, dependiente de la vitae. Sus sentidos se agudizaron, era más fuerte y rápida. Unas gotas de la sangre de Laurent, vertidas en su boca, solo eso y se sentía una diosa.

¿Cuánto tiempo duraría la puesta en escena de una vida perfecta? A Laurent solo le interesaba disfrutar de la presencia de ella y saberla su esclava le agregaba condimento a la experiencia, el futuro no le preocupaba, qué pasaría con ella no era su asunto, sabía que estaba la posibilidad de que fuera reemplazada por otro u otra en cualquier momento.

El destino de Munay era vivir en medio del terror, había evitado la muerte en su barrio, pero le esperaba algo peor, infinitamente peor que morir.

IV 

<<Bélgica, Bruselas, primavera en el hemisferio Norte del año 2025>>

Así pasaron los meses, un año completo que para Munay estuvo lleno de cosas sorprendentes, adaptándose a lo nuevo, además llegó el día tan esperado, aprobó todos los exámenes y se recibió de Ingeniera en Informática. Laurent quiso premiarla llevándola consigo a Bélgica. Debía regresar a su ciudad natal, no podía dejarla, la dependencia era de ambos lados, la fascinación que el Duque sentía por ella, contra cualquier suposición, se extendía en el tiempo.

Una vez en ese país, la chica iba de maravillarse a extasiarse con todas y cada una de las cosas que Laurent, haciendo de guía turístico, la llevaba a conocer.  Pero eso sucedía durante las noches, los días de la Ingeniera transcurrían en largos paseos por el casco histórico de Bruselas, donde descubría por su cuenta, barcitos, tiendas de artesanías, venta de especias con sabores y aromas increíbles, casas de música, librerías, bibliotecas, museos. Todas esas cosas que no podría ver de noche con Laurent.

La Ghoul iba potenciando sus sentidos, fuerza, velocidad, percibía cosas que antes no, sentía que algo oscuro se apoderaba de ella, lentamente, pero con constancia.

Averiguar sobre esa sombra que crecía en su interior la llevó a explorar en búsqueda de información sobre los caminantes de la noche, los fríos, esos seres de los que no sabía nada y de los cuales el Duque no deseaba hablar.

Una mañana, en una antigua librería, le respondieron que todas esas leyendas tenían una parte real, sin dudas, que los documentos manuscritos que lo confirmaban estaban guardados en una caja de seguridad del palacio de la Casa Helvary.

- ¿Casa Helvary?, ya sé dónde está eso, gracias por la información. Munay estaba excitada, creyendo que fácilmente obtendría lo que buscaba. Dentro de sí crecía el ansia por conocer todo absolutamente. Saber cómo había empezado este modo de adquirir poder, quien había sido el primero. No tenía miedo, no, avidez de conocimiento es lo que la motivaba ahora.

Corrió hasta la Casa Helvary, enorme y fastuoso palacio, que es el lugar donde el Duque ha nacido, donde ahora ella se alojaba, en secreto averiguaría, sobre los vampiros, luego vería qué hacer, cómo actuar, amarlos u odiarlos al extremo.

Sabía dónde podrían estar los manuscritos, en la bóveda del subsuelo. Las plantas superiores del palacio contaban con todos los lujos y los adelantos del siglo XXI, pero el nivel inferior no.

Sin temor fue bajando las escaleras, con el celular en la mano en modo linterna, no podía detenerse, lo que sea que estuviera en la profundidad, la atraía, la llamaba, era la oscuridad que de a poco se iba apoderando de la dulce Munay.

Al llegar abajo, en las paredes vio antorchas, mesas con velas, libros antiguos, el salón era enorme, de piedra, el frio y la humedad trataban de convencerla de irse de ahí, soltó una carcajada,

- ¡Vivo con uno de ellos hace más de un año, no me asustaré ahora!

A pesar de sus palabras, temblaba y no era de frio. Por miedo a que su móvil se quedara sin batería, comenzó a encender velas, como si la luz trémula de ellas pudiera espantar a los miedos que la colmaban. Pudo ver la bóveda abierta y todo su contenido arruinado por la humedad, se dedicó a revisar lo demás, poco entendía, casi todo estaba escrito en un idioma desconocido, hasta que dio con uno en español antiguo y dos en inglés, era justamente lo que buscaba, guardó los tres en su bolso en el momento en que empezaron los ruidos.

- ¿El viejo truco de las cadenas arrastradas y lobos aullando? ¡Vamos!, si quieren asustarme sean creativos, eso ya lo vi en todas las pelis de terror que recuerdo.

Decía eso mientras se encaminaba hacia la escalera, apagando las velas a su paso, para evitar el incendio de esas antigüedades invaluables. Una tela de araña se pegó en su cara y pelo, a manotazos se la quitó. Subió los escalones sin volverse a mirar hacia atrás, iba subiendo hacia la luz del día, pero volviendo a sentir que lo oscuro la atraía, no solamente la falta de luz, no solo ese tipo de oscuridad, sino la oscuridad de la maldad.

V

Durante dos noches seguidas no durmió, Munay encontraba todas las respuestas que necesitaba y más, había elegido bien, esos libros contenían secretos milenarios.

“De alguna manera” - pensaba – “he perdido la inocencia, ya no soy la mujer ingenua a la que se podía envolver en engaños. Ahora entiendo muchas cosas y deberé ser cautelosa, extremadamente cautelosa”.

Necesitaba más información, bajar nuevamente a los subsuelos del palacio no estaba en sus planes, ella conocía otra forma de llegar al conocimiento, se llamaba de distintas maneras: Deep Web, DarkWeb, Hidden Web, Invisible Web, donde todo lo ilegal, prohibido, secreto u oscuro puede hallarse.

Comenzó por llevar siempre sus auriculares con música, para que su mente no fuera tan fácilmente leída, compró una notebook igual a la que usaba al trabajar, exclusivamente para navegar por la Web profunda. Si alguien la veía con la nueva, no se extrañaría, pues pensaría que era la misma de siempre. El apodo que usaba ya no le servía, mucha gente conocía personalmente a "Índigo", el nuevo “Yggdrasil” era perfecto para lo que ella necesitaba.

La cantidad de información sobre el tema, la llevó a diferenciar mito de realidad, en pocos lugares podía confiar, pero uno especialmente llamó su atención, “La Sociedad de Leopoldo”, una organización cuyo objetivo es eliminar a todos los vampiros del planeta, tan interesada estaba en el tema, que, por un momento, olvidó dónde se encontraba y lo cautelosa que debía ser, repitiendo en alta voz una cita del fundador de la Sociedad, Leopoldo de Murnau dijo en “El testamento de Leopoldo”:

"Y el Angel me dijo con voz potente. Muchos son los hijos de Dragón, la Serpiente, el Gran Satán, y están ahora entre vosotros. Os digo, siervos de Cristo, que la Parousia está cerca, que el Segundo Advenimiento está al llegar. Los hijos de Dragón siguen creciendo y multiplicándose y son una herida sobre la Tierra. Somos el bálsamo para su herida: debemos limpiarla con fuego y purificarla, y entonces la tierra estará lista para la Parousia y todos seremos juzgados dignos."

Era mediodía, pero cuando terminó de recitar esas palabras, las sombras comenzaron a invadir el cuarto de Munay, ella se quedó en silencio, observando, sentía que su silla se agitaba, otra vez los ruidos alarmantes: aullidos, campanas que sonaban a lo lejos, gritos... El deseo de beber esas dos gotas de vitae más ansiosamente que nunca...  Cerró sus ojos, en medio de su terror recordó la crucecita que llevaba al cuello desde siempre, la tocó apenas con la punta de sus dedos. Los sonidos apagados  y lejanos se acercaban y la llamaban por su nombre, entonces vino a sus labios una oración que aprendió de niña:

- La Santa Cruz sea mi luz. No sea el demonio mi guía. Retírate Satanás. No me aconsejes vanidades. Son malas las cosas que brindas. Bebe tú esos venenos.

Abrió los ojos y, la noche se había apoderado del lugar, a la distancia pudo escuchar  las risotadas del Duque, tomó la Cruz con tanta fuerza que le dolían los dedos,  no podía moverse, repitió la oración. De a poco los sonidos se fueron apagando, llevándose con ellos las sombras. El sol volvió a  entrar por la ventana. Los auriculares no habían dejado de sonar, la música llegaba a sus oídos.

Una danza macabra se apodera de su mente, sigue siendo ese triste juguete en las manos del Duque, recién ahora empezó el juego. Ahora es cuando él obtiene máximo placer, ahora que ella sabe más y quiere defenderse.

El Duque piensa: "Hice bien dándole libertad, esa exquisita alma quiere volar y yo saldré a cazarla, sin que lo note. La hice libre, independiente, decidida, como me gustan". Laurent ríe entre dientes mientras piensa: "Mi sangre la llamará,  ¡siempre!, al menos hasta que me aburra..."

(Continuará)

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