Casi como "sin querer", sin levantar sospecha,
gravemente, en silencio, a escondidas.
Con todas las fuerzas conocidas de este mundo,
con los vientos peligrosos y temidos,
con retazos de mareas y tsunamis,
con hebras de inundaciones.
Con la devastación que deja el incendio en el bosque.
Con la determinación de la muerte.
Con la implacable peste royéndole los talones.
Con dolores de hambre.
Es así que, un día, despertás y allí está
(arde, quema, duele, provoca llanto, ira...)
en una esquina del alma, una grieta sutil, tan sutil que solo puede
verse cuando, relampagueando, la luz del dolor la atraviesa.
Sumabe (Derechos reservados)
