MIENTRAS ESTUVISTE A MI LADO NO TE AMÉ

Por esos días yo estaba junto a vos porque amaba lo que yo era cuando te tenía cerca.

Amaba los detalles que agregabas a la casa: sacaste las pesadas cortinas de seda oscura y mandaste a colgar ésas, de una tela tan blanca, tan transparente que, al mecerse con el viento, parecían fantasmas danzando al compás de tu piano. 

La casa se llenó de luz.

Sí, es cierto, para todos la claridad que nos invadía venía del sol, pero yo sabía que eras vos la que irradiabas luz.

Verdad, amiga mía, no te amaba entonces, amaba las flores que, con la primavera, invadían nuestro jardín. Amaba los colores que se mezclaban sobre el verde tapiz de la gramilla. Amaba los senderos de piedras blancas. Amaba la fuente que cantaba junto al ciruelo que, por arte de tu magia, sin haber brotado  ni una hoja, había amanecido nevado de flores blancas.

No te amé a vos, amaba tu perfume, aquél que compramos en el viaje a Europa y que  no permití que te faltara jamás.

Te gustaba, sé que ese perfume te gustaba, pero yo lo compraba para mí, para sentirlo en tu piel, tu pelo y para ir secretamente a tu cuarto y oler tu ropa, evocándote, las pocas veces que salías sola.

Amaba mis iniciales bordadas en mis pañuelos y mis camisas.

No, no iba a olvidar tus cuadros, llenaste las paredes de mi despacho con ellos, amaba la belleza de las flores que creaste para mí.

Y sí que amaba más cosas, la lista es larga, no voy a poder contarte todo lo que amaba y que amo todavía.

Sí, ya sé que todo eso me rodea, ahí están tus cortinas, tu jardín, tus bordados, tus cuadros.

No, no puedo decir "nuestras cortinas", "nuestro jardín", no son nuestros, son solamente tuyos.

No son la misma cosa si vos no estás, no son las cosas que amo, son simples adornos de una casa, se perdió tu magia.

¿Y si te dijera que amaba tu música después de cenar? Tus manos acariciando las teclas, tu expresión mientras tocabas.

Es que eso te lo llevaste vos.

Intentémoslo, volvé. Amo tus ojos y no los veo, amo tu sonrisa, no me la quites. Amo tu pelo suelto y ya no podré acariciarlo.

Sí, ahora lo sé,  amo tu alegría, tu constancia, tu sabiduría, tu compañía, todo esto que siento es que te amo a vos, fue necesario perderte para entenderlo.

Juntos haremos florecer los azahares y volverá a jugar tu pequeño caniche blanco, que te extraña tanto como yo.

Sumabe (Derechos reservados)